Las linternas de calabaza en Halloween


Si existe un símbolo que hoy en día suele ser sinónimo de Halloween, es el de las linternas o faroles de calabaza. Un fruto de color naranja intenso que se suele vaciar, tallar rostros e iluminar con luces en su interior. ¿Quién no ha utilizado en la decoración del mes de octubre al menos una figura de calabaza o en su defecto un wallpaper que las incluya?
Con el pasar de los años este se ha convertido en uno de los artilugios más representativos que se ha usado en la ambientación de Halloween, pero su recorrido histórico, sigue siendo desconocido para muchas personas.
Su origen procede de la Irlanda medieval en donde se fusionaron piezas del folclor y la cultura de la región. Para empezar, tradicionalmente los vegetales que se utilizaba allí eran los nabos, no las calabazas. El nabo es una hortaliza que está profundamente arraigada a las tradiciones irlandesas, ya que, desempeñaba un papel importante en la dieta y las prácticas agrícolas estacionales. Por lo tanto, lo que se acostumbraba, era elaborar faroles o linternas con nabos para festejar la noche de Halloween.
Se cree que este tipo de lámparas, antiguamente cumplía varias funciones en Halloween - víspera de todos los santos. En un ámbito espiritual, eran utilizados para iluminar y guiar el camino de los antepasados y ancestros fallecidos que visitaban a los humanos durante esa noche. Otra forma de uso era literalmente como linternas o faroles cuando los campesinos debían movilizarse por los caminos oscuros de las zonas rurales. También se sabe que, fueron empleados como elementos protectores para ahuyentar seres sobrenaturales y posteriormente para alejar a las brujas y salvaguardarse de la hechicería. Sin embargo, hay un cuarto elemento que hizo su contribución a la práctica de tallar nabos y calabazas en la noche de Halloween, la leyenda de Jack-o’-lantern.
La leyenda de Jack-o’-lantern
Según cuenta esta leyenda del folclore irlandés, existió un hombre llamado Jack que era astuto, poco generoso y con una habilidad excepcional para engañar a los demás.
Una noche el Diablo se presentó ante el para llevarse su alma. Eso, era algo que por supuesto Jack no estaba dispuesto a permitir. Propuso compartir una última bebida, y cuando llegó el momento de pagar, convenció al Diablo para que se convirtiera en una moneda con la que se pudiera saldar la cuenta.
El Diablo accedió, pero Jack, lejos de utilizar la moneda para pagar, la guardó en su bolsillo junto a una cruz de plata. Atrapado por el símbolo sagrado, el Diablo no pudo recuperar su forma original. Así que, para obtener su libertad, se vio obligado a hacer un trato con Jack en el que aceptaba no llevarse su alma al infierno.
Los años pasaron, y finalmente, un día el viejo Jack murió.
Al llegar a las puertas del cielo, descubrió que sus acciones le habían cerrado la posibilidad de acceder al reino celestial. Desesperado, se dirigió entonces al infierno, pero allí tampoco pudo ingresar. El diablo había prometido que nunca reclamaría su alma.
Fue así como Jack quedó condenado a vagar por el mundo, sin pertenecer al cielo o el infierno.
Durante su eterno peregrinaje, Jack se encontró nuevamente con el Diablo en una noche fría y oscura. Como este no tenía ninguna luz que pudiera guiarlo, el Diablo le entregó un carbón encendido que Jack introdujo dentro de un nabo vacío, y la utilizó a manera de lámpara para iluminar su camino.
Desde entonces, su alma errante vaga por los caminos sin encontrar descanso alguno llevando consigo únicamente aquella tenue luz.
Con el tiempo la leyenda de Jack el de la linterna también conocida como la historia de Stingy Jack se fue incorporando paulatinamente a la celebración de Halloween. La tradición de elaborar linternas de nabo fue entonces evolucionando de manera lenta hasta convertirse en una práctica en la que las personas las utilizaban con tres intenciones principales: 1 - ahuyentar a espíritus indeseados, 2 - representar seres sobrenaturales relacionados con el imaginario popular y 3 - iluminación nocturna, ya que, la noche en la que ocurría esta celebración se caracterizaba por ser particularmente oscura.
Posteriormente, con la llegada a América de los inmigrantes irlandeses en el siglo XIX la costumbre de esculpir nabos fue reemplazada por calabazas, debido a que estas últimas eran mucho más fáciles de conseguir, vaciar y tallar. Ya en torno a la década de 1970 es cuando la celebración de Halloween se impone como un evento comercial en Norteamérica, contexto en el cual las calabazas talladas empiezan a introducirse como un símbolo representativo de la celebración al ser integradas en imágenes, postales y artículos de decoración.
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